*El texto puede leerse en idioma español debajo de la versión en inglés.*

 

But
why are we
(still) so invisible?


By Roxana Allison


What drove me to write these lines was a sense of injustice towards me as a woman and my work as a photographer.

The personal experience described here may seem trivial but sheds, yet another light, on the invisibility the female gender experiences across the globe; of course, art, photography and education environments are no exception and although progress is being made thanks to women’s determination and combined efforts, there is still much to improve.


I recently visited a photography store where I often get a slightly dismissive service from its employees however, on this occasion I was served by a helpful and pleasant young man. 

At the till, he looked me up on the system and recognised my surname asking me if I had a brother to which I said I did. He told me that he attended his talk at a local university and was a keen follower of his work. I recalled the event and said that I was also there, that we delivered the talk together as co-creators of the projects presented.

The young man, looking a bit puzzled, failed to disguise that he could not remember my presence on that day at all.

I couldn’t believe I was so invisible having shared the stage with my brother for over an hour, being me the one who opened our talk discussing projects created together, emphasising on our collaborative approach and co-authorship.


 


Although women are diligently generating visibility there is a relentless propensity to not fully accept that they make up 50% of the world’s population and without them (us)  the world would quite frankly collapse. 

 

The reasons he couldn’t remember me could be many, for instance, he could just be forgetful, or my participation didn’t cause an impression on him or most likely, that the (male) organisers focused the Q+A on my brother’s own work, switching the spotlight onto him and deviating from the work we were invited to discuss. This situation made me appear like a spare part.

Despite our efforts to receive equal recognition, the public often connects only my brother's name to our joint endeavours. His explanation leans towards the fact that the themes in those projects drew the attention of audiences form a world unrelated to photography where his name stands out, which makes sense however, this does not justify my invisibilisation at the talk or my role as a creator which is frequently overlooked.


My encounter at the photography store and what happened at the event are only the tip of the iceberg of a lifetime struggle most women face day in day out at different degrees depending on their social context, work environment, professional field, upbringing, race, skin colour, legal status, sex preference, age, faith and position on the social scale amongst others.

Although women are diligently generating visibility there is a relentless propensity to not fully accept that they make up 50% of the world’s population and without them (us) the world would quite frankly collapse. 


 


Men need to step aside and cooperate actively, lovingly, unselfishly and supportively with women in reaching their ambitions shoulder by shoulder in a non-condescending, non-patriarchal way.

 

I’d like to believe that the majority of men fully understand the battles that women go through for equal recognition though, in the patriarchal society we still live in they get taught and encouraged to perceive themselves as the dominant gender and therefore, as artists and photographers, receive more attention and recognition for their work, get badges of honour for doing things that seem fearless or for being the tough one that came out the other side.

The truth is, when my brother was on trial, in prison and released from it, I was there all along, pressing the shutter and documenting our story while holding my breath and tears; battling with mixed feelings of love and anger while finding the energy to support and empathise; adapting and synchronising my roles as photographer, creator and sister throughout the whole process.


Photography was therefore an act of courage at a time that all I wanted to do was to switch off and carry on with my life and, at the end of the day, I could have done just that.

It is time men fully recognised their gender privilege and consciously gave way for women to reach equal representation and the visibilisation their existence and work deserves, not only within echo chambers but more widely.

Men need to step aside and cooperate actively, lovingly, unselfishly and supportively with women in reaching their ambitions shoulder by shoulder in a non-condescending, non-patriarchal way.

Men must act now, be radical and speak up within their male-only circles and among their male peers, in the name of those women they respect and love as an act of affection towards them. Only then, women will be able to stop demanding acknowledgement and will not need to build women-only environments and communities in which to feel supported and safe.

Twenty-two years into the 21st century and it is shocking to continually see women being criticised, judged, insulted and cancelled for speaking up. 

For the sake of our present and future generations, it is time women were no longer invisible for once and for all.


*The projects I allude to in this text are Operation Jurassic (2010-2018) and Moral Turpitude (2019-2021).




 


¿Pero
por qué (aún)
seguimos siendo tan invisibles?


Por Roxana Allison


Lo que me llevó a escribir estas líneas fue un sentimiento de injusticia hacia mi persona como mujer y mi trabajo como fotógrafa.

La experiencia personal aquí descrita puede parecer trivial, pero suma otra luz más a la invisibilidad que experimenta el género femenino en todo el mundo; por supuesto, los entornos del arte, la fotografía y la educación no son la excepción y, aunque ha habido avances principalmente gracias a la determinacióny el esfuerzo conjunto de las mujeres aún queda mucho por mejorar.


Hace poco visité una tienda fotográfica donde habitualmente los empleados me tratan con indiferencia, sin embargo, en esta ocasión me atendió un servicial y amable joven. 

En la caja me buscó en la base de datos y reconoció mi apellido preguntándome si tenía un hermano a lo que respondí que sí. Me comentó que había asistido a su charla en una universidad local y que era un gran seguidor de su trabajo. Recordé el evento y le dije que yo también había estado allí, que dimos la charla juntos como coautores de los proyectos que presentamos.

El joven, mostrándose un poco desconcertado, disimuló sin éxito que no recordaba mi presencia aquel día.

No podía creer mi invisibilización a pesar de compartir el escenario con mi hermano durante más de una hora y que fuera yo quien abriera la charla en la que discutimos trabajos fotográficos conjuntos, haciendo énfasis en su aspecto colaborativo y coautoría.


 


Aunque las mujeres luchan tenazmente por generar visibilidad, existe una propensión implacable a no aceptar que constituyen el 50% de la población mundial y que sin ellas, nosotras, francamente el mundo colapsaría.

 

Las razones por las que no me recordó el joven podrían ser muchas, por ejemplo, que podría ser olvidadizo o que mi participación no le impresionó o, más probablemente,que los organizadores (hombres) centraron la sesión de preguntas y respuestas en el trabajo personal de mi hermano, colocando los reflectores sobre él y desviándose del trabajo que fuimos invitados a discutir. Esta situación me hizo parecer como una pieza de repuesto.

A pesar de nuestros esfuerzos por recibir reconocimiento igualitario, el público a menudo solo conecta el nombre de mi hermano con nuestros proyectos compartidos. Su explicación se inclina hacia el hecho de que las temáticas de esos proyectos atrajeron la atención de audiencias más vinculadas a un mundo ajeno al fotográfico en el que destaca su nombre, lo cual tiene sentido, sin embargo, esto no justifica mi invisibilización en la presentación ni mi rol como creadora, el cual frecuentemente pasa inadvertido.


Mi encuentro en el almacén fotográfico y lo sucedido en el evento son sólo la punta del iceberg de una larga lucha de vida que la mayoría de las mujeres enfrentan a diario a diferentes niveles según su contexto social, entorno de trabajo, campo profesional, crianza, raza, color de piel, estatus legal, preferencia sexual, edad, fe y posición en la escala social entre otros.

Aunque las mujeres luchan tenazmente por generar visibilidad, existe una propensión implacable a no aceptar que constituyen el 50% de la población mundial y que sin ellas (nosotras) francamente el mundo colapsaría.


 


El género masculino necesita hacerse a un lado y cooperar de manera activa, amorosa, desinteresada y solidaria con las mujeres para alcanzar sus ambiciones hombro con hombro de una manera no condescendiente ni patriarcal.

 

Quisiera creer que la mayoría de los hombres entienden plenamente las batallas por las que atraviesan las mujeres por su reconocimiento igualitario, sin embargo, todavía vivimos en una sociedad patriarcal donde se les enseña y estimula a concebirse a sí mismos como el género dominante y, por lo tanto, como artistas y fotógrafos, reciben más atención y reconocimiento por su trabajo, obtienen insignias de honor por hacer cosas que parecen intrépidas o por ser el duro que salió ileso del otro lado.

Lo cierto es que cuando mi hermano fue juzgado, estuvo en prisión y posteriormente fue liberado, estuve allí todo el tiempo, presionando el obturador y documentando nuestra historia mientras contenía la respiración y las lágrimas; luchando contra sentimientos encontrados de amor e ira mientras encontraba la energía para apoyar y empatizar, adaptando y sincronizando mi papel como fotógrafa, creadora y hermana a lo largo de todo el proceso.




Fotografiar, por lo tanto, fue un acto de valentía en un momento en que todo lo que deseaba hacer era desconectarme y continuar con mi vida y, al final del día, podría haber hecho justo eso.

Es hora de que los hombres reconozcan plenamente su privilegio de género y conscientementeden paso a que las mujeres alcancen representación igualitaria y la visibilización que su existencia y trabajo merecen, no solo dentro del espacio personal, sino más ampliamente.

El género masculino necesita hacerse a un lado y cooperar de manera activa, amorosa, desinteresada y solidaria con las mujeres para alcanzar sus ambiciones hombro con hombro de una manera no condescendiente ni patriarcal.

Los hombres han de actuar ahora, ser radicales y levantar la voz, dentro de sus círculos exclusivamente varoniles y entre sus amistades, familiares y colegas masculinos, en nombre de las mujeres que respetan y aman como un acto de afecto hacia ellas. Solo así, las mujeres podrán dejar de exigir su merecido reconocimiento y no necesitarán construir entornos y comunidades solo para mujeres en los que sentirse apoyadas y seguras.

Transcurridos veintidós años del siglo XXI y es increíble seguir viendo como el género femenino es criticado, juzgado, insultado y cancelado por alzar la voz. 

Por el bien de nuestras generaciones presentes y futuras, es hora de que las mujeres dejen de ser invisibles de una vez por todas.


*Los proyectos a los que hago alusión en este texto son Operation Jurassic (2010-2018) y Moral Turpitude (2019-2021).





 

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